10 cosas que he aprendido de dar una charla

Por Ernesto Jiménez · 19 noviembre, 2019
Publicado en Contenidos

Dar una charla es una de los acontecimientos más enriquecedores que puedes vivir como profesional. A la vez es una de las actividades que más miedo pueden producir.

Si nunca has dado una y tienes la oportunidad, te diría que no lo dudes, es increíble todo lo que puedes aprender. Tuve la oportunidad de participar en el Digital Marketing Day 19 el pasado mes de octubre. La experiencia fue tan interesante que tomé notas al día siguiente de todo lo que aprendí. Me gustaría compartirlas contigo:

No, no es lo mismo saber de tu trabajo que hablar en público
¿Has ido alguna vez a una charla de un reconocido profesional y acabó dando una ponencia aburrida, sin alma? No es lo mismo ser bueno haciendo un trabajo que saber contarlo. En tu trabajo debes ser eficiente, en una ponencia debes atraer la atención. Son procesos distintos que requieren habilidades diferentes. Estamos ante una paradoja: cuanto más se conoce un tema más hay que distanciarse para tener una perspectiva que nos permita transmitir las ideas esenciales. Es como desaprender para aprender con nuestra audiencia. Tomar al público de la mano e ir guiándole, paso a paso, por la historia que le estamos contando. Para justo antes de llegar a la conclusión, dejarlo ir. Al final debe llegar cada uno por su cuenta.

Nunca se ensaya lo suficiente
Después de la alegría de saber que iba a dar una charla vino el MIEDO. La idea de compartir lo que hago con otras personas me encantaba. Va conmigo. Está en mi ADN (de ahí que tenga un blog, una newsletter, un podcast en camino, lo que sea que pueda probar mañana)
Tras esta euforia inicial vino el crac. Me imaginé encima del escenario. La sala a oscuras, y 350 pares de ojos esperando a que abriera la boca. No entré en pánico pero casi. Pensé en todo lo que podía ir mal, en qué iba a contar realmente, en qué iban a pensar… y en un millón de desastres más. La solución parecía clara: tenía que ensayar, ensayar y ensayar. Y eso hice. Más de 20 veces y me grababa y lo veía y corregía. Si algo salía mal en los ensayos saldría mal el día de la presentación, esto lo leí en el libro El Arte de Empezar de Guy Kawasaki. Mi objetivo no era que quedara perfecta, eso es imposible. Buscaba mejorarla en cada ensayo pero sobre todo quería ganar confianza y seguridad.

Algo saldrá mal
El video no arrancará, la petaca del micrófono se caerá en el momento justo de subir al escenario, el equipo de sonido se estropeará y hará un enorme ruido que asustará a todos, tendrás que improvisar, etc. Hay un montón de cosas que pueden ir mal en una presentación. No pasa nada. ¿Sabes lo bueno? Que ensayaste mucho (mira el punto anterior) y eso te dará la confianza y el espacio mental para superar la dificultad con solvencia. Por cierto todo lo del párrafo anterior me ocurrió el día de mi presentación.

El humor te salvará
Pero los chistes te destruirán. A menos que tengas un gran talento contando chistes o haciendo bromas mi consejo es que no vayas de gracioso. Lo siento, pero no queda bien. Es una de las cosas que más pueden afectar negativamente a una charla y que son fácilmente evitables.
Y sin embargo el humor te salvará. El humor entendido como un guiño, una complicidad con la audiencia. Además reflejará que conoces la cultura, la comunidad, el sector del que estás hablando. En todos los ámbitos hay bromas internas (comic sans o logos en jpg para diseñadores, pasar a producción en viernes para desarrolladores, la tienda de las ideas para los escritores, etc).
Acudir a referencias comunes, anécdotas es el camino para incorporar algo de humor a tu presentación y es más elegante que recurrir a «contar chistes». Digo que el humor te salvará porque, ante un imprevisto, o un problema técnico, si arrancas alguna risa mientras se resuelve, el público se divierte. Y es una manera de liberar la tensión del momento («uy, algo no está saliendo bien»). Y con todo esto, si no te gusta, no te apetece, no sientas la obligación de usar el humor.

Haz que el público participe
Quise hacer mi charla lo más participativa posible y se me ocurrió que sería divertido hacer una sesión de lluvia de ideas con todo el público. Repartimos unas tarjetas rojas y azules para poder votar, así me garantizaba una respuesta (lanzar una pregunta demasiado abierta puede acabar en que nadie diga nada). Fue una parte dinámica que, de algún modo, introducía un cambio de ritmo en la jornada de charlas. Viendo los comentarios después de la charla creo que fue una buena idea.

El silencio tiene un poder increíble
Durante los ensayos hablaba y hablaba. Eso es ensayar, ¿no? Medía el tiempo y hacía ajustes para entrar en lo que tenía disponible (otra nota: si tienes 15 minutos intenta no pasarte, respeta a los demás ponentes, respeta a los organizadores y respeta al público).
Al ver una de las grabaciones (graba tus ensayos) me di cuenta de que apenas paraba para respirar. La sensación que eso genera es terrible. Angustia. Falta de aire. Las ideas se atropellan y el mensaje acaba no llegando. Reduje algunas partes y eliminé bloques completos para tener más espacio. Y entonces pude jugar con los silencios.
El silencio es un recurso muy poderoso en una charla. Sirve para dar ritmo, permite que la idea que acabas de lanzar llegue y se asiente, separa un tema del siguiente y hace tu intervención más dinámica.
Hay otro silencio que puedes usar, el silencio visual. ¿Sabes qué ocurre cuando muestras una diapositiva en negro? La audiencia centra su atención en ti.

Menos (palabras) es más
Las diapositivas son un apoyo no un guión ni un esquema. El contenido de la charla es lo que hablas, no lo que muestras. Idealmente la charla debería sostenerse por sí sola, sin un solo elemento visual. Usa las diapositivas para mostrar datos o fotos que ilustren lo que dices. Si vas a mostrar texto que sean tres o cuatro palabras o una sola frase.
Menos es más. También en el número de diapositivas. Si tu charla es de media hora y tienes 100 diapositivas deberías volver a plantearte cuál es la idea central que quieres trasmitir. Guy Kawasaki en su libro El Arte de Empezar 2.0 (del que ya hablé arriba) describe la regla 10/20/30: 10 diapositivas para una charla de veinte minutos con texto a cuerpo 30 (mínimo). Es una buena referencia.

El efecto video
Mostrar un video corto te ayudará de dos maneras:

  1. Crea un cambio de ritmo que hace más dinámica la charla
  2. Cuando el video acaba disfrutarás de un instante de silencio ideal para enfatizar una idea, cambiar de tema o concluir tu presentación
  3. Punto extra: vi a Nacho Carnes empezar su ponencia sin decir una palabra, directamente con un video, fue una manera muy buena de introducir su tema

Una historia es el mejor vehículo
Una vez más. Contar una historia es la opción imbatible para trasladar un concepto. Puedes usarla en momentos puntuales o que sea el eje central de toda tu presentación.

Es una experiencia alucinante
A pesar de los nervios fue una experiencia increíble. Es en este tipo de actividades, sobre todo si trabajas en remoto, cuando tienes la mejor oportunidad de tomar contacto con otros miembros de tu comunidad. ¿Lo mejor? Todo lo que aprendes mientras enseñas lo que sabes y el intercambio de ideas que se genera después.

Es lo mejor que puedes hacer para:

  1. conocer gente y relacionarte con otras personas de tu comunidad (net-fucking-working)
  2. compartir lo que haces, enseñar, inspirar, ayudar
  3. aprender de otros ponentes, de los asistentes

Conclusión
Después de todo esto, solo me queda aconsejarte que, si tienes oportunidad, te obligues a dar una charla. El esfuerzo merece muchísimo la pena. (Y si lo haces después de leer esto, escríbeme y cuéntame tu experiencia 😉

Si quieres profundizar en esto, además del libro de Guy Kawasaki, te recomiendo el curso de Miriadax de Oratoria (hacen convocatorias nuevas regularmente). Es gratis y tiene un buen puñado de consejos.

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